La conversión nos lleva a la mejor elección

Israel en EgiptoSe cuenta una historia de un pueblo que sufrió de esclavitud por muchos años. Se encontraban acongojados por la opresión tan severa que tenían. Luchaban día y noche por sobrevivir. Sin embargo entre más trabajo hacían más se les exigía. Sus hombres Fuertes y valientes ya se encontraban débiles y delgados. Sus mujeres estaban cansadas y desanimadas tratando de criar a sus hijos y mantener un hogar agradable entre medio de tanto sufrimiento. Esta era su vida, para algunos la única que conocían para otros la amargura del recuerdo de cuando eran libres y prosperados. A medida que pasaban los años su desanimo aumentaba y su similitud a sus opresores aumentaba. Ya no eran un pueblo distintivo sino que eran los esclavos que hacían y  actuaban igual que sus amos.

En el medio de esta situación desalentadora y triste, vino un hombre que les recordó lo que los hacía un pueblo diferente y especial. Este hombre los reanimó a que se convirtieran nuevamente en pilares diferentes a lo que los rodeaba. Una vez esta esperanza se reavivo en sus corazones este pueblo se acordó del Rey que habían dejado atrás. Este hombre les reafirmó que su Rey todavía los amaba y ansiaba reunirse con ellos, y que Él iba a mediar la forma para que ellos salieran de esa tierra lejana y se reunieran nuevamente con él. Esto causó gran regocijo para este pueblo, ¡por fin iban a ser liberados del yugo opresor! Al cabo del tiempo fueron liberados y comenzaron su jornada para encontrarse con su Rey. A lo largo del camino este le mandaba mensajes de amor, para que no se desanimaran en su larga lucha. Les acordó las leyes de su reino y procuro llevarlos por el camino que los prepararía para que una vez llegados nuevamente a su casa pudieran disfrutarla al máximo. Fue durante este tiempo que sus caracteres fueron grandemente probados, y muchas veces fallaron en encontrar las cartas de amor que su Rey tan amorosamente les dejaba durante el camino. Su camino era un arduo desierto, pero su recompensa era un gran oasis.

Israel a las puertas de JerusalenFue al final de esta larga travesía que por fin llegaron a las puertas del oasis tan ansiosamente esperado. Iban a comenzar a entrar en el reino prometido por su Rey. Sin embargo, dentro de la gran sabiduría de este Rey, antes de dejarlos entrar procuro darles una última advertencia de su pacto. Si vamos a Deuteronomio capítulo 30 podemos comenzar a ver lo que este Rey le dice a su pueblo.

“Sucederá que cuando hubieren venido sobre ti todas estas cosas, la bendición y la maldición que he puesto delante de ti, y te arrepintieres en medio de todas las naciones adonde te hubiere arrojado Jehová tu Dios, y te convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con todo tu corazón y con toda tu alma, entonces Jehovah ha volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti y volverá a recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere esparcido Jehová tu Dios. Aun cuando tus desterrados estuvieren en las partes más lejanas que hay debajo del cielo, de allí te recogerá Jehová tu Dios, y de allí te tomara; y te hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres, y será tuya; y te hará bien, y te multiplicara más que a tus padres. Y circuncidara Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.”

Detengámonos aquí por un momento. En este corto pasaje podemos ver que el rey de Israel le estaba diciendo que para que ellos vean las bendiciones preparadas para ellos, la prosperidad y el establecimiento de su descendencia, ellos tenían que acordarse de Jehová SU Dios. Nos podríamos hacer la pregunta de por qué el énfasis en que Jehová era su Dios. Como vimos al principio de la historia este fue un pueblo que por muchos años había estado envuelto en la idolatría que los rodeaba y que muchos, no todos, habían dejado atrás el fundamento que los hacia diferentes, eso es Jehová su Dios. Durante su peregrinación ellos también tuvieron los momentos en los que se olvidaron y murmuraban contra Jehová su Dios y ahora se encontraban por entrar a un oasis prometido, pero en el cual había habitantes que no creían en Jehová sino que estaban sumergidos en el paganismo no podrían entrar. Es por esto que Jehová le dice que cuando ellos se CONVIRTIEREN a Jehová su Dios y obedecieren su voz entonces él va a circuncidar su corazón para que ellos vivan. Al buscar en un diccionario la definición de convertir vemos que se define de la siguiente manera “volver una cosa en otra”. O sea Dios le está diciendo cuando ustedes dejen de ser lo que son y se vuelvan en seguidores míos yo voy a poder transformar su corazón y ponerle una marca especial para que el mundo vea que ustedes pertenecen a mi reino. Es por esto que se hace también el énfasis en obedecer los estatus puestos por Jehová, pues ¿quién puede vivir en un reino sin seguir las normas del mismo?

Continúa diciendo en los versículos 9 al 10,

“Y te hará Jehová tu Dios abundar en toda obra de tus manos, en el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto de tu tierra, para bien; porque Jehová volverá a gozarse sobre ti para bien, de la manera que se gozó sobre tus padres, cuando obedecieres a la voz de Jehová tu Dios, para guardar sus mandamientos y sus estatutos escritos en este libro de la ley; cuando te convirtieres a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma.”

Nuevamente vemos todas las bendiciones que se le prometen al pueblo una vez decidan obedecer, seguir y serle fiel a su Dios. Si notas el obedecer la voz de Jehová y el guardar sus mandamientos solo se pueden hacer luego de convertirse a Jehová de todo corazón y con toda tu alma. Solamente cuando permitimos que Jehová nos transforme es que vamos a comenzar la travesía de anhelar día a día acercarnos más a él, y esa travesía es la que nos lleva a guardar su ley y escuchar su voz. Muchas veces nosotros tratamos de guardar la ley de Dios sin experimentar una conversión a Dios, lo estamos haciendo mal. Solo cuando nos encontramos con Dios es que por medio de la transformación que solo Él puede mediar, nosotros vamos a inconscientemente ir guardando los estatutos de Dios y obedeceremos la voz de Dios. Muchas personas piensan que el serle fiel a Dios y seguir sus estatutos es algo imposible. Dicen esto porque somos pecadores y porque tenemos una naturaleza pecaminosa. Sin embargo, al seguir leyendo Dios nos contesta este dilema en los versículos 11 al 14.

“Porque este mandamiento que yo te ordeno hoy (seguir sus mandamientos) no es demasiado difícil para ti, ni está lejos. No está en el cielo, para que digas: ¿Quién subirá por nosotros al cielo, y nos lo traerá y nos lo hará oír para que lo cumplamos? Ni está al otro lado del mar, para que digas: ¿Quién pasara por nosotros el mar, para que nos lo traiga y nos lo haga oír, a fin de que lo cumplamos? Porque muy cerca de ti esta la palabra, en tu boca y en tu corazón, para que la cumplas.”

Ley de DiosEl seguir los estatutos de Dios no es algo imposible que Dios nos pide, es una decisión firme que debemos de tomar cada uno de nosotros. Jesús fue puesto como el estándar que nosotros debemos de seguir. Él pudo vivir una vida sin pecado, estando expuesto a las mismas tentaciones, burlas, depravaciones, etc. a las que nosotros también podemos estar expuestos. Ejemplos increíbles tenemos en la biblia de hombres que como Esteban, Pablo y los Apóstoles, que aun siendo hombres pecadores una vez tomaron la decisión de seguir a Jehová su Dios fueron transformados, convertidos, en personas cuyos caracteres se asemejaban al de Cristo y siguieron el llamado que se les había dado, o sea escucharon la voz de Dios. Seguir a Jehová nuestro Dios no es algo que está lejos, es una decisión que se tiene que tomar de forma individual por cada uno de nosotros.

Los últimos dos versículos de este capítulo nos dicen:

“A los cielos y a la tierra llamo por testigos hoy contra vosotros, que os he puesto delante la vida y la muerte, la bendición y la maldición; escoge pues, la vida, para que vivas tú y tu descendencia; amando a Jehová, atendiendo a su voz, y siguiéndole a Él; porque él es vida para ti, y prolongación de tus días; a fin de que habites sobre la tierra que juro Jehová a tus padres, Abraham, Isaac y Jacob, que les había de dar.”

Esta es la amonestación que Dios nos hace hoy. Como el pueblo de Israel fue esclavo y salió a una travesía hasta llegar a la tierra prometida de ellos, nosotros hoy estamos atravesando nuestra travesía para llegar a nuestra tierra prometida. Para que Israel tuviera su tierra prometida Dios le dejo este mensaje para que al ir a conquistar la tierra no se apartaran de sus estatutos, profanándose con los pueblos paganos que los rodeaban, y así pudieran ser en gran manera prosperados. De igual forma Dios nos dice hoy que el cielo y la tierra son testigos de que Él nos ha presentado el camino hacia la vida eterna. Nos ha dado la “receta” para que al caminar por este mundo podamos vivir una vida rica en bendiciones y de la presencia de Jehová. Como para el pueblo de Israel, esto no implica que no tengamos batallas que pelear, pero si le somos fieles a Dios no habrá batalla que no ganemos. Tenemos un gran adversario que reconoce que cuando un alma conoce a Jehová y se convierte, no importa cuán fuerte sea la batalla hacia esa persona, ya él, como enemigo y adversario, fue vencido por la sangre de Cristo en la cruz. Dios nos insta a que escojamos la vida que él nos ofrece, que aunque aquí en este mundo de tinieblas nos pueda parecer difícil, él nos dice que vamos a tener una vida eterna en la cual solo vamos a amar a nuestro Dios, vamos a atender a su dulce voz y le vamos a seguir por siempre. Pero esos tres pasos primero los tenemos que llevar acabo aquí en la tierra. Tenemos que amar a Dios aquí para poder amarlo cuando el regrese, debemos de seguir su voz aquí para que lo reconozcamos cuando nos hable en su segunda venida y tenemos que seguirlo aquí en la tierra para que una eternidad siguiéndole no nos sea gravosa. Nuestro corazón se tiene que convertir a Jehová aquí en este mundo, es aquí donde ocurre la transformación de carácter, para que una vez Cristo vuelva a buscarnos podamos entonces vivir con El por la eternidad.

Así que hoy el cielo y la tierra son testigos de que Dios nos ha presentado con la vida y la muerte, ¿cuál vas a escoger tu hoy?

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Posted on December 29, 2012, in Temas Cristo Céntricos and tagged , , , , , , , , , . Bookmark the permalink. Leave a comment.

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